A salto de mata – Entrevista

El periodista Manuel Herrero entrevista al escritor Javier Ayala para el diario La Verdad de Murcia.

Javier Ayala es murciano, con formación en Filosofía, Ciencias Políticas y Psicología, y especializado en terapia familiar sistémica. Ha vivido en Portugal, Brasil y Barcelona con becas universitarias, y también en India, país en el que amplió su formación en psicoterapia y en diversas técnicas de meditación. Acaba de presentar su primera novela: “El Hostal de la Buena Vida”.

¿Por qué ha titulado su novela “El Hostal de la Buena Vida”? La trama de la novela se desarrolla en torno a varios personajes que se encuentran casualmente en el hostal de Daniel y Cecilia, un hostal situado – en la ficción – entre Águilas y Mazarrón.

¿Por qué “de la buena vida”? Todos los personajes de la novela, como las personas del mundo real, creo yo, se debaten entre sus más profundos deseos de felicidad y buena vida, y su incapacidad para lograrla, sus tendencias al sabotaje, al desamor y a la desgracia.

¿Qué es el buen vivir? Un anhelo universal e implacable, al mismo tiempo que muy íntimo. La incapacidad de las palabras para hablar directamente de ello es otro de los grandes temas del libro. La buena vida aparece en la novela más como una invitación, en el mejor de los casos suscitando en el lector la búsqueda de su propia buena vida.

En cualquier caso, ¿Qué es para usted la buena vida? Diría que se trata de estar en sintonía con lo que yo soy, y con el resto del mundo tal cual es, tomando y agradeciendo todo cuanto me ha sucedido hasta ahora. Éste es un logro difícil, y es la esencia de la alegría. Y desde esa alegría disfruto muchísimo de la vida, de mi mujer, familia, amigos, de mi trabajo y demás proyectos…

Su novela se acompaña de ocho marca páginas con frases de los distintos personajes, así por ejemplo una dice: “El mundo avanza, yo soy un péndulo”, ¿Hacia dónde va el mundo? La frase completa del personaje es: “El mundo avanza, yo soy un péndulo. O tal vez el mundo no avance, pero yo soy un péndulo”. Y bueno, no sé qué contestarte: esta pregunta me queda muy grande. Si es que el mundo avanza, o hacia dónde se dirige, para mí forma parte del Misterio y lo respeto como tal.

¿Me lo podría explicar un poco más? La humildad fundamental ante la enorme complejidad del mundo y su deriva es otro de los grandes temas de la novela. Como filósofo, ha sido una experiencia particularmente liberadora el reconocimiento de mi propia pequeñez frente a la grandiosidad del mundo, Dios (el Dios de cada tradición religiosa), el amor, el Misterio. Con frecuencia los aspectos más cruciales de la vida exigen que renunciemos a la explicación y nos abandonemos a ellos tal y como tienen lugar.

La metáfora del péndulo alude a esa dinámica interna que muchos hemos experimentado alguna vez, en la que intentamos avanzar hacia nuestros objetivos y deseos pero sentimos que hay algo que nos atrapa o nos retiene.

¿Qué se necesita para no ser un péndulo en esta vida? El compromiso con uno mismo, coraje, honestidad… y tiempo. El movimiento “pendular” te regresa una y otra vez a algo que no está resuelto en ti, algo de lo que de algún modo estás huyendo. Es esencialmente un duelo incompleto. A veces lo que te retiene es el rencor hacia un amante que se fue, o hacia unos padres que no fueron capaces de darte lo que necesitabas. A veces lo que te atrapa es una dinámica familiar algo más intrincada. O un largo etcétera. Pero de lo que se trata es de ser capaz de mirar esos hechos dolorosos, escuchar lo que aún necesitan decirte, hacer las paces con ellos, agradecerlos, incluso – gracias a ellos tú eres como eres y estás donde estás – y dejarlos marchar. Entonces tú te quedas disponible para lo nuevo, para una buena vida.

Otro marca páginas dice “…y alegra esa cara de ajo partío que tienes, que la vida es pura verbena”, ¿A qué son toca la vida? La vida toca con todos los sones, soy incapaz de decantarme por ninguno, ni personalmente ni en la novela. Afortunadamente, no hay que elegir.

¿Son de la Región todos los personajes? No. Hay uno, curiosamente con el que se abre la novela, que es un indigenista brasileño que por motivos misteriosos decide dejar a su familia y viajar a Europa. Una vez aquí, en el hostal de Daniel y Cecilia, coincide con el resto de personajes, que sí son murcianos.

¿Qué característica le es común a sus personajes por el hecho de ser murcianos? No sabría decirte, creo que no hay ninguna. Sí hay algo curioso que les sucede a tres de los personajes, y es la necesidad que experimentan en su juventud de salir de su ciudad o pueblo natal a buscar “algo” que les falta. Con el tiempo regresan, se reconcilian con sus lugares de origen y se establecen en distintos puntos de la Región. Sí, quizá esto tenga que ver con mi experiencia personal. Necesité vivir fuera, añoré Murcia y estoy disfrutando del regreso.


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