Todo resuelto

El discípulo le preguntó al gran maestro si él creía que ya se había liberado de todas las ataduras, si acaso él ya lo había resuelto todo.

El maestro miró largamente al muchacho, sorprendido una vez más por la audacia de la ignorancia, y finalmente negó lentamente con la cabeza, al tiempo que alcanzaba con su mano derecha el vaso de agua que estaba sobre la mesa.

Después de beber un trago corto, que apenas le alcanzaría para mojarse los labios, le contó a su alumno que el día anterior un taxista, hijo de un gran amigo suyo, había muerto en un accidente de tráfico en una de las calles más céntricas de la ciudad. Al gran maestro se le notaba afectado, y sus ojos se humedecieron con una tristeza cansada.

Ese chico sí que está resuelto, dijo el gran maestro al cabo de un rato; a sus padres, a ti y a mí parece ser que aún nos queda algún tiempo.

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