Abrazos de mamá

“Hay, por ejemplo, un ashram enorme en el sur de India, en la costa de Kerala. El ashram de una mujer que cuentan que nació iluminada. Recibe a miles de devotos y buscadores de Dios y turistas espirituales y curiosos escépticos o simplemente curiosos. Todos los días. A miles. Largas colas de personas inimaginablemente variopintas avanzan lentamente hacia ella. Ella debe de estar en el centro del tumulto de gente que hay en aquel enorme escenario. Debe de ser esa señora india de unos cincuenta años, sonriente, radiante, que aparece en primer plano y en tiempo real en las enormes pantallas que custodian el enorme escenario. Música india, realmente bonita, atrona en el pabellón. No es un impedimento para escucharla a ella porque ella no está hablando. Su oficio no es hablar, y los miles de personas que vienen a ella a diario no lo hacen para escucharla. Su oficio es otro. Ella da abrazos. Sí, eso es, abrazos; un abrazo cada cinco segundos, aproximadamente. A miles. Venidos de todos los países y de todos los rincones de India. Luciendo todas las edades y credos. Como aquel anuncio de Coca-Cola, con el argentino radiando para los altos, para los bajos, para los gordos – los negros, soñadores, solitarios, deportistas…-. Indescriptible escaparate de mundos, de personas, de abrazos. Miles. Abrazos. Le llaman Amma: Mamá. Abrazos de mamá. Buscadores de mamá.”

Javier Ayala, El Hostal de la Buena Vida

 

 

 

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