Otro cantar

“El abuelo Ernesto es de esa raza rara de sabios campechanos, un hombre de una colosal erudición que uno no puede siquiera imaginar de dónde procede, mezclada con una naturalidad y una cercanía muy agradable, un carácter risueño y un caprichoso equilibrio entre unas maneras algunas veces caballerescas y otras tantas campesinas. Les cuenta a Daniel y a Cecilia que en su juventud en la manchega Alcaraz fue pastor de ovejas, como lo fueron su padre y sus hermanos. Que luchó en la guerra y la mil veces infame se cebó cruelmente con su familia. Y que sólo le quedó miseria, una tía que estaba sorda como una tapia y un hermano, el pequeño Vicente, que por cierto aún sigue vivo en Alcaraz. Sí que fue una desgracia, sí. Aunque en aquella época no había tiempo para deprimirse, dice el viejo, que si te deprimías te morías de hambre y ya habían muerto demasiados buenos. Así que se fue a Albacete y se hizo tratante de ganado. Él siempre tuvo muy buen ojo para las bestias. Con las mujeres fue otro cantar. Con las mujeres siempre era otro cantar.” 

Javier Ayala, El Hostal de la Buena Vida

 

 

 

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