Psicoterapia, fe y religión.

En el anterior post titulado “Psicoterapia y fe”,  hablaba de cómo esta última es imprescindible para el psicoterapeuta y su oficio, tal como yo lo entiendo (he de decir que en mi blog siempre hablo de las cosas tal como las entiendo, no pretendo hacer teorías ni entrar en discusiones, y menos en estos temas tan determinados por la vivencia íntima de cada uno) Decía en el post que muy a menudo la demanda del cliente en la primera sesión de terapia consiste precisamente en ese anhelo de esperanza, de sentir que hay sentido y solución a su sufrimiento, a su confusión y a su vida en general. Decía que a menudo, como terapeuta, aporto durante algún tiempo esa confianza en la vida y en su sentido, esa fe que al cliente le falta inicialmente, y que en el transcurso de su proceso terapéutico él va creando o recuperando.

Pues bien, como correlato de lo dicho puedo añadir que creo que la fe, la ampliación y profundización en la fe, es la consecuencia irremediable del proceso terapéutico. Y me explico, porque seguramente empleo las palabras fe y religión de modos no demasiado habituales. Cuando muchas personas leen o escuchan la palabra fe, la asocian directamente a la religión. En nuestro entorno, más precisamente al cristianismo. A menudo ser un hombre de fe es ser un hombre religioso o un buen cristiano. Yo no creo que sea así, necesariamente. Hay hombres religiosos con muy poca fe, y hombres de fe que no practican ni creen en ninguna religión. He aquí algunas reflexiones propias sobre ambos aspectos:

La religión o el fenómeno religioso es enormemente complejo, rico y variopinto, y difícilmente se adapta a definición alguna. Personalmente entiendo la religión como una determinada tradición de relación con el Misterio. El Misterio lo escribo con mayúsculas dada su magnitud y totalidad. Gestada históricamente, mediada culturalmente, en cada religión se expresa, se vivencia y se ritualiza una determinada manera de relación con lo misterioso, lo sagrado e incomprensible, que millones de creyentes a lo largo de la historia han ido perfilando, filtrando, coloreando, desde una genuina y honesta necesidad de transmitir sus íntimas experiencias del Misterio, cada cual en su lengua, cultura y momento histórico. Amén de todo esto, algunas inevitables filtraciones de carácter social y moral, otras tantas de mantenimiento del statu quo y del negocio. La religión a veces ayuda a cultivar un sentido de trascendencia, de agradecimiento, de confianza y fe, de plenitud. Su efecto sobre las personas es extraordinario, nunca subestimable, y desde luego merece mi más absoluto respeto.

La fe, al menos lo que yo entiendo por fe, es la humildad fundamental, la conciencia de nuestra pequeñez en relación al Misterio. La fe es ceder, renunciar a administrar culpas, mirar con gratitud sincera e implacable al pasado, mirar con confianza y alegría al futuro. En un post anterior – “Antes, mejor y más fácilmente” desarrollo algo más esta actitud, que alcanza su máxima expresión cuando la persona llega a sentir, y me cito a mí mismo: “Gracias a todo lo que me ha pasado hasta ahora, incluyendo algunos golpes duros. Gracias a todas las personas que han estado en mi vida y la han nutrido, ampliado y hasta abandonado. Gracias por todo lo que me ha sucedido que ha hecho que yo sea como soy, y esté ahora mismo donde estoy. Este espacio y este tiempo, los mejores para mí.” Con esta actitud hacia el pasado de uno mismo, el presente es pura alegría y confianza en la vida, que es grande y es la que sabe. Pura fe en el Misterio – en Dios, Alá, Yahvé, Murugan, la Madre Tierra, o un inacabable etcétera, prolijas caracterizaciones del Misterio – que es grande y es el que sabe.

Por supuesto, fe y religión entendidas de este modo pueden estar conectadas y retroalimentarse, y de hecho habitualmente es así.

La psicoterapia en la que creo cultiva y profundiza la fe, y el cliente, al avanzar en su proceso, ve arraigar en sí mismo esa confianza elemental, esa alegría de vivir. Cristiano, budista, panteísta o ateo, lo cierto es que a medida que avance tendrá más alegría de vivir y más fe.

 

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