- Lealtad y sabotaje -

Rescato algo que he dicho dos secciones atrás, y que creo que describe una actitud que a quien más, quien menos, le resultará bastante “familiar”: los seres humanos podemos llegar a sabotearnos de las maneras más insospechadas, alejando de nuestro lado o haciendo daño sin motivo a la gente que nos quiere, tomando muchas malas decisiones en la empresa hasta que la llevamos a la quiebra, estableciendo un tope máximo de alegría y de disfrute propios y prohibiéndonos ir más allá de él, creándonos impedimentos y obstáculos “insalvables” para realizar nuestros objetivos y proyectos, alargando y recreando dolores y penas antiguas hasta el aburrimiento. ¿Por qué a veces hacemos eso? Y lo que es más importante: ¿Cómo podemos dejar de hacerlo?

Asegura Bert Hellinger que tanto en la familia nuclear como en la red familiar existe una necesidad común de vinculación y de compensación que no tolera la exclusión de ninguno de sus miembros. Si ésta se da, por norma general aquellos que nacen posteriormente en el sistema repiten - inconscientemente – y prosiguen la suerte de los excluidos.

Planteado de otro modo, se podría decir que todas las personas somos, en lo más profundo de nosotros mismos, inmensamente leales a nuestras familias, a nuestras madres y padres a quienes les debemos la vida, a todos nuestros mayores, antepasados gracias a los cuales existimos. Nos unen a ellos vínculos de un amor y una lealtad increíblemente fuertes, aunque en apariencia no lo sintamos así o hasta estemos distantes y enfadados con nuestras familias.

Amamos y somos leales a familias en las que ha habido mucho amor y felicidad, sin duda, pero en las que también han sucedido muchos eventos dolorosos, sucesos que acarrean profundo dolor, culpa o vergüenza, y que a menudo también comprometen nuestra felicidad, más aún cuando los desconocemos.

Todo niño desea con todas sus fuerzas ser un buen hijo, pero ahora bien: ¿cómo se es buen hijo de una mujer que ha muerto al darte a luz?, ¿cómo de feliz puede el niño permitirse ser si su padre tiene depresión, si el abuelo asesinó a inocentes en la guerra, si (…) tantas y tantas cosas como han pasado en cada familia?

Todo niño desea con todas sus fuerzas ser feliz, siempre y cuando se sienta leal a su familia. Y si no es así renuncia, y con frecuencia renunciamos, a una vida buena, grande, y alegre, permaneciendo leales en el infortunio.

 

* ¿Qué ha pasado en nuestras familias? ¿Qué acontecimientos tiene efectos en la descendencia y llevan a que las generaciones siguientes se sientan seducidos por el fracaso, la exclusión, la tristeza o la culpa? De cuáles son estos hechos más relevantes que afectan y desordenan los sistemas familiares hablo en la sección “Genograma”.