- Querer de verdad una buena vida -

Lograr una buena vida, llevar una vida lograda, plena. Ese es el gran objetivo y camino, por lo menos el mío y el que invito a compartir desde este sitio.

Creo firmemente que cada persona está llamada a tener una buena vida, la suya, la que sea capaz de imaginar para sí misma y la que esté dispuesta a co-crear, invirtiendo todos los esfuerzos que sea necesario hacer para lograrla.

Pero repito que esto – una buena vida – es una invitación. Esa actitud y convicción tiene que encontrar su espacio dentro de cada persona, tarea a veces nada fácil, y creo que esto es lo realmente crucial. Muchísimos colegas de diversos ramos estarán de acuerdo conmigo en esta afirmación que voy a hacer, que por otro lado no es mía sino de otros tantos terapeutas, formulada de muchísimas maneras diferentes: es fácil decir que se quiere felicidad, amor, éxito profesional, salud y tantas otras bendiciones, que en proporciones diversas constituyen lo que cada uno imagina cuando se atreve a desearse una buena vida.

Pero en muchos casos esa querencia es superficial, y lo realmente barato es quejarse por la vida, la familia y la mala suerte que se tiene, lo fácil es fracasar en las relaciones y en la vida profesional y quejarse, o es enfermarse, renunciar a los proyectos que se tienen y lamentarse una vez más. Los seres humanos a menudo nos hacemos unos auténticos expertos en el auto-sabotaje, desaprovechando una y otra vez oportunidades de éxito, amor y alegría.

El que se queja no quiere cambiar nada; es más, necesita que todo vaya a peor para poder seguir quejándose. Esto lo dice Hellinger en más de una ocasión, así como asegura que la felicidad que permanece requiere de la acción, del actuar: lograr una buena vida exige de uno mismo, requiere desear genuinamente esa buena vida, y también actuar en esa dirección enfrentando y superando los obstáculos que aparezcan en el camino.