- ¿Cómo se realiza una constelación? -

En primer lugar decir que no hay una norma estricta. En cuanto terapeuta – o facilitador – lo más importante es estar completamente abierto al momento y a la persona que plantea su necesidad, sin intenciones y sin miedo. Ésa es la postura esencial de lo que Hellinger denomina “actitud fenomenológica”.

De forma que lo que aquí describo es el esquema básico de trabajo que yo generalmente sigo, aunque la práctica concreta es única en cada caso. Pues bien, durante el taller, el cliente que quiere trabajar algún aspecto de su situación personal se lo indica al facilitador del taller – terapeuta – y en el momento oportuno éste lo invita a plantear su necesidad. Ésta es formulada en forma de deseo, de “¿qué quieres tú para ti?”, y no en forma de problema. La mayor parte de las veces no sabemos realmente cuál es el problema, mientras que dilucidar qué es lo que necesitamos y hacia dónde queremos dirigirnos siempre nos proporciona más fuerza y claridad.

Una vez planteada la cuestión, y desarrollada en mayor o menor medida, el facilitador de la constelación realiza unas indicaciones por las que el cliente elige de entre las personas del grupo a los representantes para algunos de los miembros de su familia actual o de origen, según le solicite el facilitador, e incluyendo un representante para sí mismo, y los coloca en el espacio central de la sala dejándose llevar por su intuición. Así los representantes quedan relacionados unos con otros, más lejos o más cerca, mirándose o ignorándose, etcétera.

La única consigna que reciben los representantes es la de centrarse y dejarse sentir en el rol que desempeñan, cualesquiera sentimientos vengan a ellos.

Cómo sucede esto es un fenómeno ciertamente extraño, que sorprende a los que participan de un taller por primera vez y que sigue siendo un misterio después de más de treinta años realizando constelaciones familiares, pero la realidad es que los representantes, una vez colocados en el centro de la sala unos en relación con otros, empiezan a tener sensaciones muy sutiles propias de la persona a la que representan. Siempre es así, y el cliente reconoce y dota de sentido lo que está viendo. Los representantes se sienten bien o mal, con frío o calor, muestran indiferencia, desean moverse, alejarse o acercarse a otros, sentarse, mirar al suelo u otras tantas diversas reacciones.

A partir de ahí la constelación va avanzando y la imagen inicial de la familia del cliente va evolucionando hacia otras nuevas imágenes, en las que se muestra el impacto de determinados hechos dolorosos o injustos de la historia de la familia y el efecto que tienen sobre los miembros de la misma, particularmente sobre el cliente. En ciertos momentos, orientándose en la expresión corporal y emocional de los representantes, y completándola con frases curativas o ritos de lenguaje corporal, el facilitador de la constelación acompaña al cliente a la clarificación de aspectos ocultos de su realidad, formándose una nueva imagen encaminada a soluciones alternativas y a un asentimiento consciente al propio destino.

Al finalizar la constelación el facilitador les pide a los representantes que abandonen sus roles y vuelvan a sus asientos, algo que sucede con total naturalidad, y cierra oportunamente el trabajo realizado con el cliente.

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