Vidas de pasillo

Es una imagen muy potente. La utilizo a veces en terapia individual o en talleres de grupos, para que cada uno se pregunte y reconozca qué es lo que haría en esa situación, y en su vida.

Pido imaginar la situación en que vas con tu  pareja a una fiesta de Nochevieja a la que os han invitado en casa de unos conocidos. Estáis todos en el salón, charlando, comiendo, bebiendo, contando chistes, bailando, en general el ambiente es muy bueno, pese a que a muchos de los presentes los acabáis de conocer, lo cierto es que son muy majos, y otros tantos sois amigos de toda la vida, y suena música y estáis bailando, algunos se han salido a la terraza a fumar, es una ocasión muy alegre, todos estáis riendo y charlando y bailando, cuando tu pareja te dice que se encuentra mal y que hace ya un rato que siente angustia. Los dueños de la casa, muy atentos, os ofrecen un dormitorio para que tu pareja se eche un rato a ver si se le pasa. Así hacéis y tu la acompañas, y te quedas con ella a su lado. Pasado un rato, aunque ella sigue con bastante molestia dice que prefiere que tú vuelvas a la fiesta y te diviertas, te dice que no tiene sentido que se estropee la noche de los dos, y que no te necesita allí: va a intentar dormir, si te necesita te llama al móvil para que vengas a verla.

¿Qué haces tú?

Las respuestas son variadas. Una de ellas es quedarte junto a tu pareja, pese a lo que ella te ha pedido insistentemente. Otra es volver a la fiesta pero cerca del pasillo, donde podrías escucharla si grita o controlar si entra o sale del cuarto, al que regresarías cada pocos minutos para ver como está ella; estarías a medio gas, sin mucha risa y sin mucho baile: ¿cómo vas a estar de fiesta mientras que tu pareja está con angustia en un dormitorio desconocido? Una tercera respuesta es volver a la fiesta, asegurándote de que oyes bien el teléfono, y entrar de nuevo a las conversaciones – en las que tus amigos te preguntan por ella -, y seguir adelante con la celebración, los chistes, el baile y la risa, ya que sabes que es lo que tu pareja querría para ti. Habrá más respuestas, y respuestas intermedias. Ninguna correcta ni incorrecta, quede claro, no se trata aquí de eso.

Porque ahora pido sustituir a la pareja con dolor de estómago por toda la familia de uno, empezando por padres, madres, hermanos, abuelos, tíos, bisabuelos, con todas esas cosas que han sucedido en la familia… Pido imaginarlos en el dormitorio, a mitad del pasillo a mano izquierda, en esa casa en la que has sido invitado para disfrutar de una gran fiesta – metáfora de tu propia vida. ¿Qué te piden ellos, cada uno de ellos? ¿Qué te piden literalmente, y qué sientes que te están pidiendo, aunque en la superficie ellos te digan otras cosas? ¿Qué te atreves a hacer, cuánta diversión y alegría y baile y disfrute te permites en esa vida tuya? ¿Dónde estás tú? ¿Estás disfrutando de la fiesta?

¿Qué es la lealtad a la familia, qué ideas tienes acerca de lo que ella implica, qué cosas te prohíbes en nombre de la lealtad, de ser buen hijo/a, de ser buen miembro de tu familia?

Lo que tengo claro, y sigo confirmando día a día en mi trabajo, es el increíble y entrañable amor que todas las personas sentimos por nuestras familias, una vez resueltos los bloqueos que se interponen, y lo felices que nos hace el poder experimentarlo sin trabas y sin fatales lealtades. Por último, y lo afirmo rotundamente: No hay mejor manera de honrar a nuestros mayores que logrando una buena vida.

 

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    2 respuestas a Vidas de pasillo

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