Y cuando más lentamente caminaban, más rápidamente avanzaban.

El trabajo con constelaciones implica una oportunidad de cambio, una invitación a ver tu realidad más profunda desde un nuevo nivel, y de actuar desde ahí. No es una solución facilona, un remedio mágico para las desventuras de las que cada uno anda lamentándose. Ciertamente a veces una constelación tiene efectos inmediatos, muchas personas pueden corroborar esta afirmación, pero la mayoría de las veces los efectos son más pausados, y el cambio sustancial y necesario espera a que la persona reúna las fuerzas suficientes para operarlo. Ahora bien, si la persona realmente desea la solución, ésta busca el modo de hacerse encontrar. Con frecuencia a raíz de la constelación comienzan a suceder cosas. Se abren espacios, se activan intuiciones. Se inicia un proceso que sigue su propio curso, y que a menudo no se deja entender de manera inmediata. Primero un paso, y sólo cuando éste esté andado, un paso más. Tienes una conversación con mamá que marca un antes y un después. Te apetece, cuando nunca antes se te había pasado por la cabeza, visitar el pueblo de papá e ir a tomar café a casa de esa tía suya de la que apenas has oído hablar. De pronto te surgen ganas de celebrar el cumpleaños a lo grande, o de empezar a hacer algún deporte que nunca antes habías practicado. Aparecen personas en tu vida que te ofrecen nuevos puntos de vista – sobre tu vida -. Vislumbras una nueva oportunidad de negocio, y el modo de orientarte hacia ella. Comprendes mejor el porqué, o sencillamente haces las paces con el hecho de que tal o cual pareja te dejara, o bien la dejaras tú a ella. Y más cosas, o cosas completamente diferentes. Todo esto sucede si se está abierto, si se deja que estas cosas ocurran, si se aprende a confiar en lo que el cuerpo y las propias intuiciones le están diciendo a uno todas las horas del día. Se inicia – o se amplía – un proceso, un camino, en cuyo tránsito las soluciones se imponen, y la vida se nos vuelve brillante y generosa. Se trata de confiar más y más en nuestras propias intuiciones, tirando del hilo que se ha empezado a desenredar en la constelación, y de dar un paso, luego otro, y más tarde otro más, avanzando lentamente pero muy rápido, tal como le sucedía a Momo mientras se adentraba en el palacio del maestro Hora.

 

 

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